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28 de Mayo de 2015

Un hijo es lo más egoísta que hay (II)

Las "Cenicientas" de la crianza

Si leíste la entrada anterior, quizá imaginas de qué va esta.

Cuando estamos inmersos en una etapa de nuestra vida que consume toda nuestra energía, sea en el terreno profesional, personal o cualquier otro ámbito (o peor aún, en todos a la vez), puede parecer que siempre nos toca a nosotros "bailar con la más fea".

Solo a nosotros nos encargan esa tarea tan odiosa que alguien en la oficina debe hacer a diario. O si eres madre (y conste que esto vale también para tí, que eres padre a cargo de los churumbeles el día enterito), sientes que todo recae en tí, que estás en casa a cargo de los niños, sus miles de demandas urgentes urgentísimas, las ropas que parecen reproducirse como setas, la limpieza que nunca acaba, el orden, las comidas, dar de comer al gato y cambiar el agua al canario... a diario y sin excepción.

Cierto que tienes la suerte (¡mucha!) de vivir la infancia de tus hijos en primera línea (¿de fuego...?) sin perderte su primera palabra, su primera sonrisa o la caca más monumental que haya visto madre (que todo va en el mismo lote, mira). Pero tiene su encanto y mucho, las cosas como son y no lo imagino de otra manera.

Pocas cosas en este mundo son tan absorbentes como un hijo. Bueno, tener dos. O tres. O más... pero ahí ya me falla la imaginación. Pero como ya dije, un hijo no es egoísta, solo mira por él, por su supervivencia. Vamos, lo que hacemos todos; ellos a su manera y nosotros a la nuestra.

Y eso se traduce en "Mamá" en la boca las 24 horas del día. Con el tiempo, restamos alguna hora que se le suma al padre, la pareja, la abuela, la tía, la amiga, la vecina o a quien pille más cerca el tema. Pero mientras, estamos inmersas en ese mar de olas de amor por un lado y olas de deseo de libertad por otro, solo nos queda soñar esperando que nuestro barquito de papel no naufrague en el océano de las prisas y las exigencias.

Es ahí donde mi imaginación entró de pleno y creó, primero en mi mente y después sobre el papel, un "Hada Madruska". Cual Cenicienta (o Aladino para los papis, que no los olvido), yo tenía mi propia fuente de deseos a la que pedir y ¿por qué no?, exigir que usara su varita para lavar la ropa en segundos, dormir al niño con su irresistible canto y poner orden hasta en la bombonera de la mesa del salón.

Ella, un ser con apariencia de muñeca matrioska (tan acorde con las madres a las que ayuda), con unas preciosas alas que dan vuelo a las fantasías de sus protegidas y vestida con ropas que la protegen de la frialdad para que solo irradie calidez y amor... ella, hace realidad mis deseos con su varita mágica en forma de corazón.

Pero es ahora, cuando se materializa en una preciosa cajita de madera. En ella, tú también podrás guardar tus deseos con la esperanza de que se cumplan. O si lo prefieres, esos pequeños tesoritos que la infancia de nuestros hijos nos deja para el recuerdo... ¡todo lo que quieras!

 

 

Dime, ¿tú también tienes guardados pequeños tesoritos de tus niños? ¿Papeles con deseos escritos que esperan cumplirse?, ¿Tus padres tenían una caja donde guardaron algo tuyo que ahora has descubierto? Cuéntame algo y así nos vamos conociendo...

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